Colombia: No hay que darle la espalda a la Policía

L’etincelle, movimiento de artistas gráficos del país, se pronuncia frente al crimen perpetuado por la Policía de Bogotá contra el grafitero Diego Felipe Becerra de 16 años de edad.

Somos L’etincelle[1. La chispa (en francés)]. Una organización de gente colombiana que desde el arte también trabaja por alimentar la chispa que encenderá la pradera.

Hoy nos remitimos para declarar con profundo sentimiento que la semana pasada fue arrebatado de su casa y de las calles de nuestro país un hermano de sangre, colombiano, joven, estudiante, hijo y ante todo un artista del pueblo. Diego Felipe Becerra es hoy para nuestros sueños la lágrima que nos hizo aterrizar a la realidad, la lágrima de sangre que tiñe nuestro arte con los crímenes del estado colombiano, esta vez la mira asesina de los falsos positivos nos apunta por pintar ideas, por ponerle color y sabor a las grises ciudades de nuestro país.

Diego Felipe, de 16 años, fue asesinado por un agente de la Policía Nacional que le descargó dos disparos por la espalda. El montaje judicial propiciado por la Policía incluye un arma de fuego que fue puesta en la zona momentos después del asesinato[2. Las investigaciones de la Fiscalía concluyeron que Diego Felipe no manipuló ningún arma de fuego.], un nexo forzado entre un atraco a una buseta y los hechos presentados, entre otras historietas ya bastante conocidas cada que el Ejército o la Policía presentan sus falsos positivos.

La triste situación es declinada aún más, pues la Policía insiste en su versión oficial, a pesar de la cantidad de pruebas que demuestran que Daniel Felipe se encontraba pintando, como consta de ello la entrevista realizada por la FM de RCN el 22 de agosto a las 7:14 am donde el corresponsal declara, después de visitar la casa de Diego Felipe, que los dibujos encontrados en la zona del asesinato eran los mismos que se encontraban en su habitación y acepta lo paradójico de la versión policial.

Además, uno de sus compañeros de trabajo cultural que se encontraba ese día junto a Daniel aseguró que: “Las únicas armas que teníamos eran las latas de pintura”. Incluso, “la situación más extraña”, declara Mauricio Rodríguez –padre de un compañero de Diego Felipe- es que, una vez la Policía asesina a Daniel Felipe, es llevado a un hospital sin hacer ningún tipo de levantamiento judicial, lo dejan en el hospital a merced de los médicos y se retiran del lugar sin asumir responsabilidad alguna sobre el menor asesinado.

L’etincelle denuncia públicamente que el caso de Daniel Felipe Becerra no es un hecho aislado en nuestro país, pues esto es una forma más de la persecución política que desarrolla el estado colombiano contra las posiciones diferentes a sus mandatos antipopulares, así como tampoco es una cuestión novedosa.

Ya, en ocasiones anteriores, se había hecho el llamado a diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos sobre la preocupante situación que afrontamos los artistas urbanos, sobre todo con la llegada de la “política de seguridad ciudadana” implementada por el gobierno Santos, donde se efectúan y agudizan en la ciudad las violaciones a los derechos humanos por medio de las requisas que vulneran la intimidad (revisión de objetos personales, lectura hoja por hoja de cuadernos y libretas, etc.), el saqueo de pinturas, brochas, pinceles y demás herramientas de trabajo, la usurpación del material creativo, amedrentamientos, y hasta agresiones físicas, todo ello cometido por agentes del estado colombiano, especialmente por la Policía Metropolitana de Cali.

Muchos somos quienes hemos venido tomando la labor artística y cultural como una forma de hacerle frente a la violencia desde las propuestas de paz de nuestras obras, del trabajo junto a la comunidad para disminuir la propagación de la violencia común en nuestros jóvenes, pero este tipo de hechos lo único que expresan son los intereses de un gobierno que quiere embutir forzadamente al pueblo joven de la ciudad en su guerra sin fin. Es apenas asimilable que estos son los principios operativos de una forma urbana de la fracasada “seguridad democrática”.

Sin embargo, seguimos haciendo énfasis en la necesidad de arreglar los problemas de forma racional, dialogada, política, y no de esa forma inmoral y sin principios con que actúan los diferentes organismos armados del Estado colombiano. Apelamos al respeto obligatorio de nuestros derechos como artistas y como humanos, exigimos que se haga justicia en el caso de nuestro compañero Diego Felipe Becerra, y llamamos a los artistas y al pueblo en general a fortalecer los lazos de unidad para seguir trabajando de verdad por el país que nos merecemos. De nuestra parte, ténganlo claro, que La Chispa sigue incendiando conciencias y que las praderas de nuestro país acabaran más temprano que tarde por arder bajo el sabor, la dignidad y la alegría de nuestro pueblo.

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