Valores humanos vs. valores comerciales en la televisión colombiana

por Mauricio / Barrio Adentro

En un país como el nuestro, donde las problemáticas sociales vigentes exigen una fuerte defensa de los valores humanos, que propicien un clima favorable para mejorar las relaciones de los sujetos con su entorno, resulta sorprendente observar la desmedida exaltación a los valores comerciales, la violencia y la degradación de la dignidad humana desde diversos y muy variados espacios que se transmiten a través de la televisión.

La mayoría de dichos espacios presenta contenidos tan superficiales que no dejan lugar para la reflexión y el debate, logrando esto afectar, negativamente, la mentalidad de la población, sobre todo la más joven, y desvirtuar los procesos de formación que fomentan los principios morales y las características propias de nuestra cultura. De igual forma, algunos programas conducidos por supuestos intelectuales que más parecen comediantes o por irreverentes muy “sensibles” pero más amarillistas que comprometidos, que se jactan de analizar la realidad social y política del país con fines “constructivos”, demuestran una clara influencia de sectores dominantes en cuanto a la exposición y el manejo de las temáticas, “dejando por fuera toda la gama de inquietudes que vienen de la información como proceso de comportamiento colectivo” (Martín-Barbero, 1993: 223).

Naufragando en un océano de marcas, estereotipos y tendencias importadas, la televisión colombiana pretende mostrarse como reflejo fiel del pensamiento y la tradición nacional, promoviendo actitudes que, a partir de su enfoque mercantilista, estimulan, supuestamente, el crecimiento integral de los individuos o, como muchos preferirían llamarlo, en su “éxito social”. Este último puede asociarse fácilmente a fenómenos de gran divulgación como el boom de las narconovelas para dar un ejemplo.

Este nuevo género, sumamente violento, sexual y vulgar, que si bien se basa en situaciones cotidianas, las cuales, sin mayor esfuerzo, pueden ser identificadas por la teleaudiencia, parece hacer más una celebración de lo indebido que incitar a la crítica conveniente y a la concientización acerca de los asuntos que tratan. No resulta para nada extraño escuchar el entusiasmo con el que muchos niños y jóvenes visualizan un futuro inspirados por una emocionante vida de capo y por los lujos exagerados que puede darse una muñeca de la mafia.

Es acertado, entonces, afirmar que la televisión colombiana atenta contra la ética familiar y social promovida desde los hogares y los centros educativos, precisamente porque al interior de éstos hay una carencia de espacios y estrategias significativas que ayuden a combatir los efectos de la cultura light impulsada por los medios masivos de comunicación. En este sentido, se hace necesario generar alternativas que promuevan el juicio responsable con respecto a los contenidos y orientación de los programas de televisión.

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