Se busca un criminal

Selva

Una voz desgarrada en el viento o un grito ahogado en la angustia marcan a fuego la partida de un ser querido hacia tierras extrañas en búsqueda de una vida mejor.

Desde hace décadas, el flujo de migrantes se dirige desde el hemisferio sur hacia el norte, con excepción de Oceanía en el que ese movimiento es sur-sur.

Desde Europa hacia América, desde fines del S. XIX y hasta el primer tercio del XX, se produjo una emigración importante de militantes anarquistas y de otras corrientes ideológicas, que enriqueció intelectualmente y ensanchó los horizontes políticos de nuestros pueblos.

Con posterioridad a las dos grandes guerras mundiales se registró la gran inmigración; diversa en su composición social, cultural y en su acervo intelectual, llegó a nuestras tierras empujada por la hambruna y fue recibida e integrada a los diferentes pueblos que la acogieron como parte de sí mismos.

Años después, las políticas de intercambios desiguales y el empobrecimiento progresivo de nuestros países cerraron los horizontes, desaparecieron las perspectivas laborales y de estudios universitarios; nuestros jóvenes emigran y las colas ante las posibles fuentes de trabajo se desplazaron hacia los consulados de los países elegidos como destino, donde sufren humillación, castigos, cárcel y deportación.

El envío de las remesas desde el extranjero constituye la primera o segunda fuente de entradas de divisas en muchos países americanos, africanos y asiáticos, donde se paga un alto precio de familias dislocadas, drama que tiene en los niños las principales y más indefensas de las víctimas. Se les puede definir como los hijos del dolor.

En el 2008, la bancarrota en Estados Unidos, consecuencia de una economía carcomida por dentro, repercutió negativamente a nivel mundial.

La distorsión del mercado internacional, que afectó a los países dependientes del dólar, condujo a quiebras reales o fraudulentas, con miles de despidos, que pauperizaron aún más a los trabajadores asalariados, de manera especial a los extranjeros.

La fluctuación del dólar, esa moneda papel de valor ficticio, al cual, por estupidez colectiva y universal, se le rinde tributo, mata más gente que las grandes epidemias juntas de la historia universal (viruela, peste bubónica, gripe de 1918, sida, etc).

Las medidas, de ajuste de cinturón, son las primeras que se toman para salvaguardar las riquezas de los ricos y aumentar la pobreza de los pobres.

En países como España, Francia, Grecia, los pueblos se han lanzado a las calles en contra de esas medidas que cercenan derechos humanos y laborales, arduamente conseguidos a través de sacrificadas luchas ciudadanas. La represión es la respuesta que han recibido de parte de los gobiernos, más obedientes de organismos financieros internacionales que de sus propios pueblos.

En una jauría de lobos, el macho dominante toma la mejor parte y el resto se las arregla según su jerarquía social.

¿Qué rol le cabe al migrante en este mundo de caníbales? Indeseado, es devuelto al mar, al desierto o se le deporta al país de origen.

Después de haber apostrofado al oprobioso muro de Berlín, diligentemente han construido nuevos muros, como si con murallas se pudiera poner barreras a la ideología o al hambre. A los pies del muro que separa México de Estados Unidos, han muerto muchísimas más personas que las fallecidas en la divisoria berlinesa. Esos muertos, tal vez por pobres, mestizos o indígenas, no tienen prensa; son anónimos e ignorados.

La política migratoria de la Unión Europea es de bloques y tiene en la mira la expulsión de ocho millones de inmigrantes y establecen posibilidad de prisión como a criminales, entre seis a 18 meses, previo a la deportación.

Frontex, el organismo encargado de la seguridad de fronteras de la Comunidad, con sede en Varsovia, creado hace cuatro años y medio, impulsado por Francia, Italia y España, está cada vez más activo. Ignorando en muchos casos la condición de asilados, expulsó a 1.570 extranjeros indocumentados en el 2009, contra 478 en el 2007 y 800 en el 2008.

Estados Unidos, tierra de la Libertad (en la estatua), practica hacia los inmigrantes la misma política que hasta los años 60 ejerció desembozadamente contra los negros, sacrilegio aún vigente.

12 millones de extranjeros amenazados de deportación. La mentada Ley de Arizona sintetiza el pensamiento discriminatorio y criminal de una parte de la sociedad estadounidense, que impulsa retirar la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos y negarla a los recién nacidos, desgarrando las familias cada vez que alguno de sus miembros es irregular.

Esa política está inspirada y sostenida por dos indignas representantes del sexo femenino, la gobernadora de Arizona, Sarah Brewer y la ex candidata republicana a la Vicepresidencia de la Unión, la fusilera de Alaska, Jane Palin. El monstruo es monstruo, nada más, sin distinción de sexo.

Wanted! Aparecía en las películas de vaqueros. El criminal, por cierto, no es el migrante, cuyo único delito es querer trabajar para lograr una vida mejor.

Hay que apuntar a la cabeza de la pirámide, pues ahí están los verdaderos criminales y asesinos, de personas y de esperanzas.

Fuente: Argenpress

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