Colombia: El baile de las cucarachas

por Alberto Pinzón Sánchez

“Uno acompaña al amigo hasta el cementerio pero no se entierra con él”, dice la amarga y realista norma acuñada por los politiqueros, para el día después de lo que en Colombia se llaman elecciones democráticas. Pero en el caso del fallo constitucional que se acaba de proferir con tanto suspenso mediático sobre los múltiples e innumerables delitos cometidos en el trámite del referendo para reelegir al presidente Uribe Vélez, se está yendo un poco más allá de esta cruda regla primitiva. La imagen que después del tan esperado fallo se observa dentro de la “casta” (que no clase) politiquera colombiana, pude más bien parecerse a la descrita por el fabulista bogotano Pombo: cuando una gallina hambrienta llegó al baile que con gran alegría y júbilo inmortal realizaban una cucarachas.

Hay entre los politiqueros al servicio de la oligarquía bipartidista a más de la sensación de derrota, la enorme incertidumbre del “ahora qué”, descrita maravillosamente en la última columna de Semana por Alfredo Rangel, producto de ocho años de sumisión y humillamiento manso al “fachendoso” Uribe Vélez y su zurriago militar.

Sin embargo, quienes elaboraron el famoso plan para reorganizar y rearmar las Fuerzas Militares de Colombia con la última tecnología para la muerte, poniendo todo el estado colombiano al servicio de sus intereses “geoestratégicos” para la región Andina, pero cuidándose de que los muertos fueran colombianos o criollos, en estos momentos no abrigan (ni en su mente ni en sus corazones) ninguna duda. Es simplemente un cambio de fusible. Lo habíamos dicho y requetedicho en castizo rajado: “un simple cambio de condón”.

Se ha perdido una pequeña batalla jurídica, una escaramuza leve, dentro de la guerra infinita que se libra en la salvaguardia los eternos intereses imperiales; por lo que se impone recoger los restos dispersos y reorganizar otra “coalición política” del bloque de clases dominante, tal vez menos bárbara o repugnante pero igual de agresiva, para darle continuidad al plan original: el sometimiento de la rica y biodiversa región andino-amazónica al capital transnacional, con más razón ahora que la crisis ecológica se suma a la crisis global del capitalismo transnacional.

Entonces los “Spin Doctors” o intoxicadores de opinión, tan efectivos, eficaces, abundantes y sobre todo baratos o regalados, ya comenzaron su intensa tarea retórica en los medios de propaganda del régimen colombiano, para armar la nueva “coalición del poder que irá a regir el destino de los colombianos en el próximo futuro”. Ni un minuto de pausa para analizar lo sucedido en la sociedad colombiana durante estos ocho años de fascismo ordinario y valorar el gigantesco desastre social, económico, político y moral en que ha metido al país el militarismo de los gremios que le chupa el 6,5% de su PIB, y fijar responsabilidades. No. Sin perder un instante, a organizar las elecciones y escoger el sucesor del gamonal del Uribérrimo, o “new leader” que continuará la perdida guerra contrainsurgente.

Nada de exigirle responsabilidades penales al fanático religioso “absolvedor” Ordóñez (que funge de Procurador de la Nación) por sus fallos torcidos, malintencionados y carentes de toda legalidad, o pedirle responsabilidad judicial al corrupto contratista ministro Palacios de Salud por el colapso de la seguridad social y la salud de los colombianos, o investigar ya a los 120 parlamentarios o politiqueros uribistas, quienes tramitaron ese cúmulo de delitos para hacer aprobar el fallido referendo reeleccionista.

Y menos aún, obligar al coordinador responsable de todos los pasos del trámite, el ministro del Interior Valencia Cossio, a que asuma su responsabilidad de barón con b, pues seguramente las influencias de su hermano en la Fiscalía lo mantendrán impune. ¡Nada! Todos a una a armar la colación electorera del uribismo sin Uribe, pero eso sí, sin hacer ninguna encuesta que mida la abstención electoral esperada o el hartazgo del pueblo trabajador colombiano en estos momentos de definiciones y de sálvese quien pueda.

Por eso, bienvenido y venturoso el llamamiento de la Gran Coalición Democrática (GCD) que ha convocado desde ayer a continuar las masivas movilizaciones populares y de trabajadores exigiendo sin descanso una salida democrática y popular, amplia, participativa y soberana a la descomunal crisis colombiana. Porque mientras las cucarachas corren en su loca huida, al pueblo trabajador le corresponde organizarse, movilizarse masivamente y resistir hasta imponer su soberanía.

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